Dientes, dientes

Los dientes de leche se empiezan a formar en la tercera semana de vida intrauterina. De manera que, cuando el niño nace, tiene dentro de sus huesos maxilares los brotes de los 20 dientes que componen su fórmula dentaria temporal o de «leche», y las células diferenciadas que darán origen a los 32 moldes de los dientes definitivos.

El orden de aparición y el momento de aparición de los dientes varía mucho de un bebé a otro, y hay incluso bebés (alguno en mi propia familia) que nacen ya preparados para defenderse no sólo con las uñas, pero en términos generales se puede resumir de la siguiente manera.

Dientes incisivos inferiores: Entre los 5 y los 12 meses.
Dientes incisivos superiores: Entre los 7 y los 10 meses.
Dientes laterales superiores e inferiores: Entre los 9 y los 12 meses
Primeros molares superiores e inferiores: Entre los 12 y los 18 meses.
Caninos superiores e inferiores: Entre los 18 y los 24 meses.
Segundos molares inferiores y superiores: Entre los 24 y los 30 meses.

Sea cuando sea, el primer diente de tu bebé será todo un acontecimiento, aunque si tienes suerte te pasará desapercibido. Sin embargo, es muy probable que desde los dos meses ya te estén avisando todos tus consejeros: este niño babea mucho, eso es que está por echar los dientes

Calma y tranquilidad, las babas del los primeros meses se deben al desarrollo de las glándulas salivares y a la propia incapacidad infantil para gestionar su producción de forma eficaz (hasta para tragar saliva hay que tener práctica). Casi seguro que no, que todavía no te arriesgas a que te de un buen mordisco.

El diente aparecerá despacito y es muy probable que no te des cuenta hasta que no hayan pasado un par de días. Al principio, sólo se nota una puntita en la encía que pincha. Poco a poco, el diente rompe la encía y se va abriendo paso, y lo puedes ir notando. Primero, como si fuera una pequeña sierra, raspa. Después, porque si te descuidas, te deja sin dedo.

Aunque muchos pediatras aseguran que la erupción dentaria no causa dolor (la mía, no) yo no estoy para nada convencida. Simplemente con recordar cuando me salieron las muelas del juicio me invade la compasión por los pobres nenes, a los que les queda por delante toda la boca.

La cultura popular tampoco comparte esta visión tan idílica en la que los dientes rompen la encía sin que nadie lo note. Todas las madres asocian algún tipo de mal a la salida de los dientes de sus hijos: mocos, toses, catarros, diarreas, traseros irritados, noches en vela, llantinas… los bebés se ponen irritables y lo muerden absolutamente todo – excepto el chulísimo mordedor que compraste, que de eso «pasan».

Si tienes la sospecha de que tu bebé está con los dientes, si tu bebé está imposible, se ha llenado de mocos, y tiene el culete como un tomate, y tú no eres de las que tira de apiretal a la primera de cambio (y haces muy bien) tal vez te interese saber, como curiosidad, que la mayoría de los padres descubren la homeopatía precisamente en este momento. Algún alma caritativa te recomienda el collar de ámbar. Algún alma práctica te recomienda la Chamomilla. Haz caso de ésta última. O consulta con tu médico o farmacéutico.

Foto | Fotomaf

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