Del estrés perinatal y los estudios científicos

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Cada vez son más los estudios que indican que el estrés, en cualquiera de sus formas, durante lo que Michel Odent denomina “etapa primal” – la que va desde la concepción hasta más o menos el primer o segundo año de vida, influye directamente en aspectos tan importantes en la vida adulta como la tendencia a la obesidad y por tanto a padecer enfermedades asociadas – cardiovasculares, hipertensión, diabetes, síndrome metabólico – o incluso en aspectos psicosociales de la personalidad – mayor tendencia a sufrir patologías psicológicas, problemas de adaptación social, problemas de aprendizaje…

En biología una situación estresante es toda aquella que nos aleja de la homeostásis, el equilibrio. Hambre, miedo, frío, deprivación de sueño, dolor, aislamiento social…todo ello es estrés y se traduce en los mismos neurotransmisores y hormonas. Es por esto que el cerebro registra situaciones de soledad o abandono de la misma forma en que detecta un dolor físico evidente. El estrés es por tanto una situación amenazante y la respuesta natural del organismo es tratar de resolverla. Cuando esto no es posible el mecanismo de adaptación al estrés se altera y aparecen las patologías asociadas al estrés.

El estrés se regula a través del eje HHA – hipófisis-hipotálamo-adrenal – y desde allí es capaz de modificar respuestas aparentemente tan alejadas como el metabolismo de la glucosa o la respuesta del sistema inmune ante una infección. Por eso el estrés afecta a todo.

Para entender los estudios científicos que relacionan el estrés prenatal con cosas tan dramáticas como el autismo hace falta saber un poquito cómo funciona la ciencia y los estudios científicos.

La medicina basada en la evidencia es una ciencia compleja. En ciencia, los estudios randomizados a doble ciego son los más fiables y son los que se utilizan por ejemplo para probar la eficacia y los efectos secundarios de un nuevo fármaco. Para el que no sepa de qué van, los estudios randomizados consisten en distribuir a los sujetos en dos grupos aleatoriamente – por eso son randomizados- , en uno de los grupos de administra el fármaco y en el otro se administra un placebo. Ni los sujetos sometidos al estudio ni los científicos que después analizan los resultados saben a qué grupo pertenece cada sujeto – por eso son doble ciego.

Pero es obvio que en muchas ocasiones existen motivos éticos que impiden realizar estudios randomizados doble ciego con seres humanos. Por ejemplo, no se puede distribuir a un grupo de mujeres embarazadas aleatoriamente en dos subgrupos y someter a uno de ellos a estrés prenatal y a otro no para comprobar los efectos del estrés en los bebés. Tampoco se puede distribuir a un grupo de bebés aleatoriamente en dos subgrupos y someter a uno de ellos a deprivación materna para ver qué pasa. Además es muy difícil realizar un doble ciego, por motivos técnicos – si te separan de tu hijo o te someten a estrés es bastante probable que te des cuenta.

Por eso la medicina basada en la evidencia avanza despacio. En medicina basada en la evidencia una gran parte de los estudios son estudios de clases o de casos. Esto generalmente quiere decir que cuando se detecta un grupo suficientemente grande con un problema suficientemente grave se echa la mirada atrás y se trata de determinar qué factores influyeron en el problema, es decir, se focaliza en los extremos y después se trata de extrapolar a la población en general. Unos ejemplos.

Los prematuros son buenos candidatos para hacer estudios de clases sobre la influencia del estrés en las primeras etapas de la vida. Otro grupo susceptible de estudio son los niños abandonados por sus madres y que se crían en instituciones. Bebés de madres muy alcohólicas o drogadictas, bebés de madres que han sufrido eclampsia o diabetes gestacional grave, bebés que han nacido en partos instrumentales o por cesárea, bebés de mujeres que han sufrido violencia de género…

El problema de los estudios de clases es que se hacen a posteriori y afortunadamente el ser humano tiene una enorme capacidad de recuperación, además de un cerebro plástico sobre el que influyen multitud de factores, por lo que se producen montones de sesgos que a veces es imposible eliminar. Por otra parte, afortunadamente también, estos casos extremos son poco habituales, con lo que los estudios suelen ser pequeños y con porca representatividad estadística. Esto, que es de cajón, es utilizado por ejemplo por las compañías que fabrican leche de bote para bebés cada vez que un estudio habla sobre las ventajas de la leche materna.

Sin embargo conviene de nuevo recordar que en biología todo lo que se aleje de la homeostásis (el equilibrio) se traduce en el cerebro como estrés, se procesa en el eje HHA y de ahí se transfiere a todas partes, desde la síntesis de hormonas sexuales hasta el hipocampo, influyendo en cosas tan dispares como pueden ser los ovarios o la memoria a largo plazo.

Con estudios científicos o sin ellos para un bebé toda situación que no sea la prevista por su naturaleza de mamífero altricial tiene un coste. Mayor o menor, existe, y hay que tenerlo en cuenta.

Foto | Big D 2112

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