Dejarse cambiar

corazón3

Entras en casa de unos amigos con tu hijo pequeño, el que ya gatea, y de repente eres consciente del lugar en el que tus amigos tienen los enchufes, de cuantas alargaderas utilizan y de lo peligroso que está el cable ese de ahí. En un sólo vistazo y casi sin darte cuenta.

Cuando estaba embarazada de Ana tuve muchos problemas laborales, tantos que acabaron conmigo en casa durante los 15 meses posteriores a su nacimiento. El estrés era agotador, como os podéis imaginar. Pero llegó un punto en el que sorprendentemente empezó a darme todo igual. Me volví pasota y el grado de ironía de mis comentarios aumentó mil puntos. La culpa, de la progesterona, la misma hormona que sirve para “sujetar” el embarazo en las primeras semanas y que provoca que durante el primer trimestre te mueras de sueño, es producida por la placenta a partir del segundo trimestre. El bebé sabe muy bien lo que necesita y se encarga de obtenerlo.

Un bebé llora y tú inmediatamente sabes que es el tuyo y el de nadie más. Millones de procesos mentales se ponen entonces en marcha. Si eres madre lactante además el reflejo de eyección de leche puede dejarte la camiseta hecha un horror. Dejas lo que sea y sales corriendo. Te acostumbras a dormir a saltos, te duermes con las tetas fuera, eres capaz de hacer mil cosas a la vez y sobre todo, priorizas de otra forma.


Cervell maternal i plor del nadó (Joan Deus i… por raulespert

La maternidad cambia y eso es lo que podríamos llamar instinto. Convertirse en madre no es sólo volver con un bebé en un bonito capazo después de estar dos días en un hospital. La que entró en el paritorio eras tú, un poco menos complaciente con el resto del mundo, la que sale es otra. Las células madre del feto han visitado tus tejidos, incluyendo corazón y cerebro, rejuveneciéndolos y ahora eres una microquimera. Y la fiesta está a punto de empezar.

Convertirse en madre cambia la mente. Cada vez más estudios científicos están de acuerdo en que la maternidad es una de las etapas en las que el cerebro de la mujer se vuelve más plástico. Multitud de nuevas conexiones neuronales se forman, otras desaparecen y muchas de ellas se modifican. Empezando poel sentido del olfato – que ya se agudiza durante el embarazo -, el oído y la vista, la percepción mejora. Todas las madres olemos a nuestros bebés en la coronilla. Todas somos capaces de reconocerlos por este método.

Si las caricias son buenas para tú bebé no dudes que también te influyen a ti. El sentido del tacto de las nuevas madres se convierte en un mecanismo de comunicación importante, ayuda a la producción de endorfinas y oxitocina que no sólo mejoran el vínculo, sino que además rebajan el nivel de estrés. La oxitocina disminuye la sensación de parálisis que produce el miedo y gracias a la prolactina las madres son más valientes pero además más empáticas. Se mejora la inteligencia emocional. Las madres son más asertivas.

Por supuesto los seres humanos somos libres y aunque algunos de estos cambios son inevitables, otros se pueden minimizar o maximizar. Una de las mejores opciones es obviamente la lactancia materna y también el piel con piel, dos de los mecanismos que más van a cambiar tu forma de ver la vida. Si te dejas. Y deberías dejarte porque ¿quién no quiere ser mejor?

El cerebro de la mujer cambia cuando se convierte en madre. Podéis ver un buen resumen en este artículo de Cristina Silvente. No os lo perdáis porque no tiene desperdicio.

Déjate llevar. Si quieres.

(Y tal vez no tanto, pero tú también puedes, papá)

Foto | irargerich

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*