Conductas vinculantes

Lo único que sabemos seguro sobre el ser humano es que es un animal gregario, que necesita del grupo para sobrevivir.

Hasta más o menos los seis primeros meses de vida un bebé no hace otra cosa más que vincularse con su ser humano de referencia. El vínculo primario, que suele ser la madre, modifica dos de las pocas conductas innatas que existen en el ser humano: llorar y sonreír. Llorar y sonreír son las primeras herramientas para la comunicación que existen en nosotros, mamíferos, primates altriciales de potente neocórtex. De la respuesta de la madre a estas dos conductas depende que el bebé empiece a aprender a comunicarse con el mundo.

Llorar y sonreír es todo lo que necesita un ser humano para sobrevivir al principio y es todo lo que necesita para empezar a aprender a comunicarse. Pero a las dos horas de vida un bebé ya puede haber sufrido una manipulación cultural que modifique su conducta «llorar». Deja a un neonato llorando en una cuna térmica por protocolo y estarás influyendo en su capacidad instintiva de vincularse, porque se llora para que alguien te haga caso y si no te lo hacen ¿qué aprendes?

Con un neocórtex casi «en blanco» las conexiones neuronales que empiezan a formarse después del parto serán la base sobre la que se construya el nuevo ser humano. Su inteligencia, su personalidad, su modo de ver la vida y el mundo…las primeras horas tras el nacimiento son cruciales, porque es el momento en que mayor número de estímulos nuevos se reciben de golpe. Y por eso, entre otras cosas más fisiológicas como el mantenimiento de la temperatura, del ritmo cardíaco o el establecimiento de la lactancia, es importante Que no os separen.

Afortunadamente con un neocórtex casi en blanco, lo que pase en las primeras horas es reparable y hacerlo es tan sencillo como responder. Responder al llanto, a las sonrisas, a los gorgojos y a los primeros silabeos de tu hijo no sólo le está enseñando que comunicarse es útil sino también que es digno de ser escuchado, merecedor de afecto y cuidado, como todo ser humano, al menos como todo ser humano recién llegado a este mundo.

Todos somos recuperables, me dijeron el otro día. Y yo casi me lo creo, excepto honrosas excepciones todos somos recuperables. A pesar de toda la educación que manipuló nuestras conductas innatas, todos aquellos métodos para aprender a dormir, todo aquel «déjale llorar que se le ensanchan los pulmones», todos los «los niños no lloran», «los niños hablan cuando mean las gallinas» y todo un sistema encaminado a impedir que nos comuniquemos correctamente con los demás, todos somos recuperables, porque sólo nos hace falta mirar a un bebé para querer revertir el proceso. Y el neocórtex es plástico, podemos cambiarlo a nuestro antojo. Sólo déjate llevar por los niños. Los niños saben, cuanto más pequeños más.

Déjate atrapar, ellos son los mayores especialistas en crear redes.

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