Cómo administrar los medicamentos a los niños

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Creo que muchos estaréis de acuerdo conmigo si digo que, en ocasiones, dar un medicamento a un niño puede convertirse en una auténtica hazaña. Si se trata de medicamentos homeopáticos, su forma farmacéutica –los gránulos y los glóbulos– hace que su administración a los más pequeños tenga grandes ventajas:

• Los gránulos y glóbulos son pequeñas esferas de sacarosa y lactosa que se deshacen debajo de la lengua (vía sublingual).
• No tienen sabor o en todo caso un sabor ligeramente azucarado lo que facilita su aceptación por los niños.
• Además pueden disolverse en un poco de agua y beberse o, si se trata de bebés, pueden disolverse en un biberón sin calentar.

Sin embargo, la administración de ciertos medicamentos convencionales puede ser más complicada pues son rechazados categóricamente por algunos niños. Cuando he pasado por “estas aventuras” una mezcla de pequeños trucos ha supuesto la clave del éxito:

– Lo primero de todo, aunque parezca una perogrullada, sed firmes, hacer comprender a vuestro hijo que “sí o sí” debe tomar su medicamento y que no tiene elección, es fundamental desde el principio. Si él nota la más mínima duda, se crecerá en su postura.

– Si es el sabor desagradable del medicamento lo que no ayuda, probad a usar un poco de zumo de fruta. Y si ya está en edad de tragar con cuchara, probad con un alimento que tenga en sí mismo mucho sabor y preferiblemente, un sabor cercano: una cucharada de mermelada, de miel, de compota, un yogur de frutas…

– Si no quiere cuchara ni nada de nada, probad con una pipeta graduada: deslizadla por la mejilla y dejad que el líquido se vierta en la boca suavemente (una jeringa de plástico grande también puede serviros).

– Y también otra perogrullada: no debe administrarse un producto a un niño tumbado, no podrá tragar en esta posición. Si vomita en el siguiente cuarto de hora es recomendable darle de nuevo el medicamento (buf! vuelta a empezar pensaréis, pero por debajo de quince minutos no habrá habido tiempo para absorberlo).

Quizá estos trucos os parezcan obvios o poco aplicables cuando el niño se empeña en cerrar la boca a cal y canto y coge una estupenda rabieta. Si ninguno funciona, ni la mezcla de todos, echad mano de paciencia y recuperad el sentido del humor: si conseguís hacer reír a vuestro hijo y que olvide el trance en el que se encuentra, abrirá la boca… y ¡zasss! ¡prueba superada!

Yo lo he conseguido en alguna ocasión, pero estaré encantada de poner en práctica todos vuestros trucos 😉

Más información |
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