Caricias para el estrés

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Me gusta cuando la ciencia me da la razón, cosa que por otro lado y sin ánimo de echarme flores (bueno, unas pocas, que no tengo abuela) ocurre cada vez con mayor frecuencia. Si además la ciencia ya se me adelanta casi que no encuentro mejor motivo para celebrar el día.

De la importancia del tacto, de las caricias y de los abrazos no hacemos más que hablar en este blog. Fundamental para llevar una existencia sana, y no sólo mentalmente, el contacto corporal es mucho más que placer, es medicina, como bien saben todos los prematuros que han disfrutado del método madre-canguro. Y ahora además los científicos nos cuentan que sirve para recuperarse de las heridas del pasado.

Un nuevo estudio, precioso, realizado en el Reino Unido y publicado en la revista PloS One (publicaciones científicas abiertas a disposición de todo el que tenga interés) revela que las caricias maternas reducen los efectos del estrés sufrido intraútero.

Lo que sucede dentro del útero es muchas veces incontrolable. Mejorar la calidad de vida, también preocupándose de estado emocional de las madres es una tarea pendiente en todas las sociedades occidentales y ejem “avanzadas”, como demuestra el cada vez mayor número de prematuros. Con toda la información de la que disponemos ahora, cuidarse en el embarazo se ha convertido en una obligación que, como siempre recae en las madres sin que las madres tengamos la mayor parte del tiempo el control sobre la situación. Más estrés para nosotras, como siempre.

Así que este estudio es un alivio. Porque aunque lo pases mal en el embarazo por culpa de ese jefe insoportable que no hace más que deprimirte, los efectos de tu estrés sobre el bebé pueden ser compensados cuando nazca. Y es tan fácil como acariciarle, algo que, por otra parte y si nos olvidamos de manuales de adiestramiento, sale de forma bastante natural. Contacto físico, abrazos, caricias…la ciencia nos dice hoy que nada es irreparable y que la cura es tan sencilla como darse amor. El determinismo ha muerto, o está a puntito.

Una vez más. Todo lo que necesitas es oxitocina.

Foto | Tanel Teemusk

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