Bebés libres de culpa

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El sentimiento de culpa persigue a los adultos y en especial a las madres constantemente. Sí, las mujeres somos capaces de pedir disculpas hasta por el mal tiempo, a pesar de que obviamente que llueva o no no tiene nada que ver con nuestros actos. “Lo siento, lo siento, lo siento”…el sentimiento de culpa es un enorme lastre, te paraliza y te impide reaccionar y, a veces también, se convierte en un sentimiento cómodo, porque el fatalismo nos evita correr riesgos y explorar otros sentimientos tal vez más molestos, como la ira, la envidia o el simple hecho de sentirse estúpido.

Los psicólogos se interesan enormemente por el sentimiento de culpa y todas las reacciones que provoca, sobre todo porque existen estudios que evidencian enormes diferencias a la hora de gestionar la culpa entre hombres y mujeres – el típico supuesto del avión que se estrella, mientras el hombre se siente orgulloso de haber intentado salvar al pasaje aún sin ser piloto y la mujer en cambio se siente culpable por no haberlo conseguido. Reflexionar sobre la culpa es muy útil y también muchas veces difícil.

Todos los seres humanos venimos equipados con un estupendo cerebro que nos permite racionalizar los fracasos, sin embargo en muchas ocasiones nos culpamos a nosotros mismos por cuestiones que escaparon a nuestro control. La culpa es un sentimiento poderoso en manos de otros, es el arma ideal para manipular. Y por eso nos educan en la culpa. Y también probablemente por eso la educación en la culpa es más patente en el sexo femenino. La gente libre de culpa se siente responsable y la responsabilidad es el primer paso para la libertad.

Decía Alejandro Dumas que no entendía porqué siendo los niños tan inteligentes, los adultos eran tan tontos y seguía diciendo que esto debe ser culpa de la educación. Pues también en la culpa y ahora lo sabemos.

Un estudio realizado en Massachussets indica que los bebés de 16 meses son perfectamente capaces de reconocer cuando un fracaso es responsabilidad suya y cuando proviene de elementos externos que no dependen de su control. El experimento es gracioso, porque cuando los bebés creen que el fracaso es culpa suya, porque están haciendo algo mal, piden ayuda a sus padres, mientras que cuando asumen que el fracaso no depende de ellos pasan y a otra cosa mariposa que la vida es breve.

Ser capaces de razonar sobre porqué ocurren las cosas es importante para aprender y para tomar decisiones ya que un fracaso condiciona siempre el paso siguiente. Los bebés de 16 meses, libres de culpa, asumen que un juguete no funciona y deciden cambiarlo por otro, los adultos se torturan, se estancan y se enferman. Probablemente sea una cuestión genética el tener mayor o menor predisposición a sentirse culpable, pero lo que demuestra este estudio es que a los 16 meses nuestro concepto de nosotros mismos es todavía normal. Alguien que se culpa por todo necesita cambiar la imagen que tiene de sí mismo y aprender de nuevo a ser un niño, antes de haber recibido toda esa estupenda educación.

Los niños son mucho más listos que nosotros, deberíamos aprender de ellos y no al revés. Observa a tus hijos, lo agradeceréis todos.

Foto |paparutzi

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1 Comentario

  1. Ramón Soler Romero 8 julio 2011

    Muy buena reflexión, Irene.

    Me ha encantado el experimento con los bebés de 16 meses. Ellos son más listos que nosotros.

    Yo creo que la culpa tiene mucho que ver con la educación recibida y con los comentarios recibidos por los padres y que minan la autoestima… cosas como “no hagas eso”, “eres un inútil”, “ya lo has tirado !!”

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