Bebés de alta demanda

bebés de alta demanda

“Los bebés de un mes duermen unas 20 horas al día”. Pues serán los otros, porque las mías dormían como mucho veinte minutos.

Los bebés nacen preparados para comunicar sus necesidades a golpe de llanto y sus necesidades son bastante claras: los bebés necesitan leche, necesitan calor, necesitan brazos y necesitan presencia física. Es fácil. O debería serlo.

Algunos niños comen, hacen caca y duermen. Lloran un poco cuando tienen hambre y otro poco con el pañal sucio. Se duermen felices incluso en sus cunas y cuando llega la hora de introducir purés se los comen como si fueran caviar. Hasta les gusta el pescado. Sus madres tienen tiempo de ducharse tranquilas y de hablar por teléfono. Son bebés cómodos. Y existen. Yo he conocido alguno así.

La mayoría de los niños que conozco, sin embargo, no han sido tan complacientes. Casi todos lloran cuando intentas dejarlos en la cuna, reclaman que los cojas cuando estás en la ducha, quieren estar todo el día pegados a la teta y no quieren ni oír hablar del carro. ¿Es normal? En  mi opinión, sí.

¿Existen entonces los bebés de alta demanda?  ¿Es posible que algunos niños reclamen más de lo necesario?

El debate es interesante desde muchos puntos de vista. Una mujer maternando sola, como ocurre actualmente con la gran mayoría de las madres, tiene muchas papeletas para sentirse desbordada, agobiada y no ser capaz de satisfacer las necesidades de su hijo. Agotada, sin poder ducharse y todo el día sola, cualquier mujer puede acabar pensando que su hijo reclama más de lo normal. Poner etiquetas a los niños es algo bastante feo. Y concluir que existen niños “de alta demanda” en una sociedad que no es capaz de dar soporte a una madre nueva sólo sirve desenfocar el problema: no se puede ser madre sin apoyo. Sea el niño como sea. Convertir el comportamiento normal de un bebé en una patología es terrible. Y aún así yo sí que creo que, independientemente de las circunstancias de la madre, existen niños “de alta demanda”.

He sido madre de dos niñas “muy demandantes”. La segunda seguramente debido a las circunstancias de su nacimiento. La primera, vete tú a saber porqué. Durante el ingreso de Lara en la unidad de neonatología vi muchos niños recién nacidos. Prematuros, no tan prematuros, niños muy malitos, niños que no lo estaban tanto…En los extremos todo se ve mejor. Bebés que no paran de llorar (como era el caso de mi hija) y bebés que no se despiertan ni para comer.

La mayoría de nosotras, las madres, tenemos la fea costumbre de pensar que todo lo que hacen nuestros hijos se debe a algo que hemos hecho o hemos dejado de hacer en algún momento dado. Responsabilizarse está muy bien, culparse no tanto. En nuestro empeño en tener hijos sanos y felices acabamos olvidando que el respeto comienza por entender que cada niño es una persona distinta, con sus recursos propios, con sus genes, con sus circunstancias. Y que sí, que hagas lo que hagas es posible que tu hijo no deje de llorar. Que hay niños más cómodos y niños más demandantes. Que hay niños complacientes y niños llorones. Que hay niños más obedientes y niños más rebeldes. Porque sí, porque los seres humanos somos todos diferentes, aunque nos hayan criado igual de bien.

Si tienes un niño “intenso”, no estás sola. 

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1 Comentario

  1. Andres 16 junio 2014

    Quien opine o crea que todos los bebés son iguales o más o menos parecidos y que todos demandan atención, es porque no ha tenido un hijo de alta demanda. Por lo tanto no lo entiende ni lo entenderá hasta que tenga uno.

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