¿Otra vez lo mismo?

niño durmiendo en la hierba

Si hay algo que he aprendido de mi maternidad es que para criar hijos y no morir en el intento tienes que ser flexible. Al menos si no quieres ser víctima de un ataque de nervios.

El tema de las rutinas. Reconozco que una cierta rutina puede facilitar la vida. De hecho, sé que todos tenemos rutinas más o menos conscientes, por mucho que nos guste ir de libres como el viento por la vida. Tú antes de irte a la cama haces pis, te lavas los dientes y te pones el pijama. O tal vez lo haces en sentido inverso. Eso sí, quizás no lo sepas, pero lo más seguro es que te pongas primero el pantalón y luego la sudadera, o viceversa. Somos unos seres aburridos los humanos.

Yo era, lo prometo, una persona muy organizada, pero llegó Ana. Y con ella el caos.

Hay quién asegura que los niños necesitan impepinablemente una rutina, que les da seguridad. Y no sé si estoy de acuerdo. Tal vez sea así. Aunque hay quién asegura que no.

Lo que no comparto son las rutinas férreas. Y no las comparto por lo que he dicho más arriba: ciertas rutinas te facilitan la vida, hacerse esclavo de la rutina la complica hasta grados indecibles. Y sí, hay manuales de instrucciones para criar hijos que defienden las rutinas férreas hasta cotas insostenibles, incompatibles con la vida real.

Un ejemplo, aunque hay más.

La comida. Para adquirir buenos hábitos a la hora de comer el bebé tiene que comer todos los días a la misma hora, en el mismo sitio, en la misma silla, con el mismo plato y la misma cuchara. Afortunadamente puedes cambiarle el menú. Eso sí, mientras el bebé sea un bebé olvídate de salir de casa. Cuando no esté comiendo estará merendando, cuando no cenando y cuando no, estará con el brunch, con el drunch o con la recena, meriendacena, aperitivo o en la hora del café (no hay que olvidar que los bebés comen un montón de veces al día, mejor si coincide con el momento en que tienen hambre).

Por supuesto nada de usar esa vajilla de plástico del Pocoyó tan mona que te regalaron los amigos. No, porque no has encontrado otros cinco modelos iguales y ¿qué vas a hacer cuando el Pocoyó se borre de tanto fregarlo? Mejor una de loza, que aguanta mucho más el fregado. Lo malo es que se rompe. Terrible decisión.

Vas a necesitar quince cucharillas idénticas. Porque los niños tienen la manía de tirar las cucharas una y otra vez y las cucharas tienen la manía de ser abducidas por el lavavajillas (igual que los calcetines son abducidos sistemáticamente y de uno en uno por la lavadora) y desaparecen. Cuando pierdas todas estarás perdida. Mejor compra treinta, las friegas a mano, las cuentas bien cada vez que coma y luego las guardas en una caja fuerte.

Por supuesto el horario de comidas tendrá que ser el que diga la directora de la guardería. ¡No te atreverás a cambiarle el horario el fin de semana! ¡Así jamás aprenderá!

Ni se te ocurra comprar una trona de viaje: si osas salir tienes que llevarte la evolutiva, sí, esa que casi no te cabe ni en el salón. Total ¿para qué? Si tiene que comer todos los días en el mismo sitio. Dile a tu madre que volverás a verla dentro de tres o siete años, cuando la rutina de comer ya no sea necesaria (el manual no especifica qué hacer cuando el niño ya no cabe en la trona evolutiva). Olvídate de tus amigos, de las bodas, de tomar el aperitivo en una terracita y de merendar en el parque. Nada.

Porque además, después de comer el niño tiene que dormir la siesta, a la misma hora, en la misma cuna, con el mismo edredón, con su móvil, su osito y su póster, después de oirte contar el mismo cuento y decirle buenas noches. Eso sí, antes de la siesta no le bañes, que como acaba de comer puede que se le corte la digestión.

En fin, todo de gran utilidad si cuando tu hijo tenga seis años os teneis que mudar a Japón y necesita adquirir el hábito de comer con palillos y dormir en un tatami.

Jamás me he sentido más libre que cuando nació mi hija mayor. Levantarte cuando quieres, comer cuando tienes hambre, salir a pasear cuando te apetece, irte a mirar tiendas, quedar con tu hermana, volverte a dormir…sin horarios, sin rutina, como si siempre fuera verano.

Si necesitas rutinas para organizarte, hazlo, pero asegúrate de que vas a ser capaz de romper las normas.Los niños son adaptables. Llévatelos a todas partes. Pueden comer incluso mientras corren. Y pueden dormirse mientras tú gritas ¡Vivan los novios! Vuévete flexible. Haz estiramientos. Pasa de instrucciones. Y disfrúta de tus hijos, son para eso.

Foto | Pink Sherbet

10 Comentarios

  1. Caro 20 Mayo 2010

    Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen!!!!!

    Me encanta lo que has escrito :))) (y ya sé a quién se lo voy a reenviar!!!) yo creo que tengo algunas manías idiotas repetitivas, pero en general, siempre me he visto bastante libre con mi hijo. Bueno… desde que dejó de llorar a todas horas, allá por los 3-4 meses.
    Desde ese momento, hemos ido a comer fuera con él innumerables veces, a cenar, con la teta, sin la teta, con el biberón, con las papillas… hemos ido a una boda, a algún concierto al aire libre… hemos dormido en no sé cuantas camas distintas yendo de visita, bañado en bañeras ajenas… desde que empezó a dormir siestas ‘contundentes’ prefiero que duerma en casa (o en una cuna o cama cualquiera) antes que por la calle, porque el sueño si no, no le cunde ni la mitad. Pero si hemos tenido que dormir por la calle, pues también (vease la siesta de mei tai en la feria de Sevilla, paseando por toa la feria XD).

    Yo eso de todo a las mismas horas exactas y con los mismos enseres… no lo soporto. Y la gente que lo hace, me acaba poniendo de los nervios (y creo que a sus hijos también).

  2. Author
    Irene Garcia 20 Mayo 2010

    Yo conozco a una que se llevaba un higrómetro para medir las humedades relativas de las casas y si no eran las correctas se volvía a la suya :O. También la que daba de desayunar a su hija todos los días a las 9 y si acababa a las 9:27 hasta las 11:27 ni un minuto menos, no se podía bañar en la playa (y con 12 o 13 años te estoy hablando).
    xD

    Lara ha estado menos por ahí, por sus cosas, pero con Ana…buah, hemos hecho lo que hemos querido.

  3. Papa de Ana y Lara 20 Mayo 2010

    yo sí quiero las rutinas que no me dejáis ver los deportes ni por la noche, eso no es justo.

  4. Eva 20 Mayo 2010

    Como todo en la vida, se trata de hallar un punto medio.

    Yo soy más bien pro-rutina, porque dan al niño cierta seguridad, y puesto que no tiene consciencia de las horas (sólo de si es de día, de noche, o por la tarde), es bueno que sepa en qué momento se encuentra a través de las rutinas.

    Una rutina de: baño-cena-dientes-pis-cuento de noche me parece que induce al niño a una conducta positiva hacia la hora de dormir, y le proporciona seguridad también, si por ejemplo siempre duerme con su peluchito. Incluso los padres que, por tradición, rezan con los niños “las cuatro esquinitas”, pues así dan cierta tranquilidad a los niños antes de dormir, y los niños quizás duermen mejor.

    Pero tampoco se trata de comer a las 14:00:00, es decir, tampoco se trata de ser Kant.

    Las personas necesitamos seguridad, y las rutinas vienen a formar parte de esa seguridad que las personas nos forjamos en el día a día.

    Pero el riesgo, el cambiar horarios, el cambiar costumbres, también está bien. No conviene que todo se haga “al ritmo del niño”, que no sólo exite él. Además, enseñar al niño una rutina, para luego un día saltártela, enseña al niño a apreciar mejor esos momentos más especiales (por ejemplo, si un día le dejas quedarse hasta tarde, y cenar una hamburguesa delante de la tele, como algo excepcional. Él se lo pasa genial, y sabe que es una concesión especial que tú le haces, y valora más esos momentos especiales).

  5. maria 20 Mayo 2010

    uffffffffff que razon tienes tenemos que aprender a adactarlo a lo que hay`porque la mentablemente unos pueden y otros no y que me dices de la hora de empesar a trabajar y dejarlo en la guarde a l cuidado de otra persona no nos queremos depegar pero tenemos que hacerlo para que ellos a prendan a ser libre

  6. marta 20 Mayo 2010

    Hombre todo es relativo, ni es cuestión de comprar todas las existencias de vajillas de pocoyó, ni de llevar cada día un ritmo distinto que al final al peque lo vuelves loco.
    Mi hija tiene unos horarios más o menos definidos, adaptados a nuestros hábitos y nos va genial. A su hora pide dormir y nosotros podemos disfrutar de un par de horitas de tranquilidad antes de irnos a la cama. Con la comida no tengo problema pq le encanta comer, aunque tambien suele comer sobre la misma hora (eso sí, la vajilla y los cubiertos los que le toque, jaja).
    Supongo que depende de cada familia, sus costumbres y tal. Nosotros como somos caseros y tranquilitos, estamos encantados con la rutina. Un saludo a todos.

  7. Caro 20 Mayo 2010

    Jajajajajaja ay , la del higrómetro… bueno, tenemos que ‘haber’ de todo en la viña del Señor…XDDD si no, qué aburrido.

    La de la digestión podría haber sido mi madre, Irene, qué mujer más pesada, ay!!!! hasta que me independicé no me pude bañar cuando me diera la gana! 🙂

    A ver es que yo creo que se confunden las cosas. El que uno diga que puede hacer las cosas con libertad con su hijo no quiere decir que no se sigan unas rutinas determinadas. En mi casa las rutinas las ha puesto principalmente mi hijo. En unas cosas nosotros nos hemos adaptado a él, y en otras, él a nosotros. Se despierta casi siempre a las mismas horas, se acuesta siesta y noche casi a las mismas también, y comemos casi a las mismas horas también. Y todos juntos (vamos, los tres, que no somos ni 8 ni 12). Por eso por ejemplo, no tengo problemas a la hora de salir a comer o cenar por ahí, porque seguimos el mismo horario, y le doy de comer a la vez que comemos, como cualquier día en casa. Pero por ejemplo, si un día, por lo que sea, a la hora de la siesta no estamos en casa, pues no hay drama. Si un día, por ir a algún sitio especial o celebrar algo, comemos una hora más tarde de lo acostumbrado, o nos acostamos una hora más tarde, tampoco se acaba el mundo. Si mis obligaciones sólo me dejan ir al parque a partir de las 9 de la tarde, como ahora, pues de 9 a 9 y media estamos en el parque. ¿Que nos bañamos más tarde? Bueno,¿y qué? a lo mejor ni nos bañamos. ¿Que nos retrasamos media hora en irnos para la cama? Mi hijo no va a guardería ni tiene que madrugar para nada más, así que no veo dónde está el problema. Cuando lo haga, ya seremos más estrictos. A esas cosas me refiero.

  8. Author
    Irene Garcia 20 Mayo 2010

    Bueno, a ver por partes que diría Jack ¬¬ xD

    Eva, que voy a por ti…jejeje. Eva, existen libros sobre crianza que abogan por rutinas inflexibles como las que yo he puesto. Muchas seguro que los conocen. Me meto con eso, no con las casas ordenadas, jeje. Una casa es más o menos ordenada según lo ordenados que sean los habitantes que vivan en ella, ni más ni menos. Pero los métodos conductistas para “educar” niños tienen que abogar por rutinas rígidas e inflexibles porque eso es el conductismo, su base. Y sí, en el mismo sitio, con el mismo plato del pocoyó y la misma cuchara. Tal cual.

    En cuanto a que las rutinas sean necesarias para la vida, pues no lo comparto. Habrá quien las necesite y quién no, lo que quiere decir que necesitar una rutina no es algo innato, sino algo aprendido…si en tu casa eran muy rígidos tú serás muy rígida (o al revés). Hay mucha gente que depende de las rutinas, no soportan el cambio. Eso tampoco es bueno.

    Los bebés no necesitan rutinas para sentirse seguros, lo que necesitan son figuras de apego seguras. Un bebé que se duerme a la teta con su madre, se dormirá con su madre en el metro, en la boda de la prima agustina y en medio de un terremoto si tiene sueño y tiene a su madre. Nada más. No necesita rutina cuento-pis-dientes-baño-cena. Los ritmos circadianos no se adquieren con las rutinas, se adquieren con la melatonina y los niños lo consiguen cuando su cerebro está suficientemente maduro para eso, sea en una casa rutinaria o no. Los primeros humanos eran nómadas, recolectores y carroñeros, creo que muy rutinarios no podían ser. 😛

    Marta, no, no se vuelven locos, la que te vuelves loca eres tú, ;). Las rutinas son útiles para los adultos, los bebés se adaptan a lo que sea mientras el adulto responsable, la figura principal de apego, satisfaga sus necesidades básicas: comida, sueño, contacto físico, comunicación. A demanda 😀

    Lo que quiero decir es que cada casa tiene que funcionar como mejor le venga a todos los habitantes de la casa, no como diga el libro de turno.

    Papa de Ana y Lara, si no te quedaras como un tronco podrías ver más deportes 😛

    Saludos 🙂

  9. Celita 17 Agosto 2010

    Ay, hija, qué gusto leer una cosa tan sensata. La firmo.

    Las rutinas mínimas nos mantienen un poco cuerdos a todos, pero las rutinas estrictas nos desquician del todo.

    A nosotros nos encanta viajar y lo hemos seguido haciendo también (al extranjero) con un hijo, algo que, si fuéramos super-rutinistas, nos hubiera estado vedado. Si mi hijo tiene cerca el pelo de su madre para tocar, se duerme en el avión, en el tren y donde se tercie. Cuando se puede, mejor echarse su siestón de 3 horas en una cama (la suya, la de los abuelos, la de un hotel…), pero si no, pues se duerme donde toque y a vivir.

    Con lo que le han gustado los fuegos artificiales este año (eran a las 22:30), estoy pensando yo en meterlo a la cama a las 9 porque lo dice la rutina. Y una porra. 🙂

  10. Zarina Avila 23 Septiembre 2010

    Que liberador ete post… sobretodo cuando estas acostumbrada a tne el control de todo. Mil gracais!!! a romper la rigida rutina y a disfrutar de i nueva vida con mi beba!!

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