
La portada del diario 20 Minutos, en su edición madrileña de hoy nos regala una noticia que es buena y mala a la vez.
Parir en Madrid hasta hace nada era toda una odisea de búsqueda de ginecólogos particulares que se avinieran a atenderte aceptando tus planes de parto, o al menos, tus peticiones. La lista de entrevistas que algunas embarazadas realizaban antes del parto era interminable, para finalmente descubrir que las opciones eran prácticamente nulas – un par de gines respetuosos o directamente parto en casa – o parir en la Seguridad Social y encomendarse al santo de turno para ponerte de parto en el turno de la matrona respetuosa.
Hace ocho años, cuando yo estaba embarazada de mi hija mayor, no había nada. Hace cuatro, cuando estaba embarazada de mi segunda hija, rezabas para que te admitieran en Fuenlabrada. Desplazarse a otras Comunidades Autónomas, como Andalucía, Cataluña o Valencia, era la opción que escogíamos muchas, las menos valientes que no nos atrevíamos con un parto domiciliario.
Contestar a la terrible pregunta de “¿y entonces dónde doy a luz?” que las embarazadas planteaban en los foros era imposible.
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Hoy recuperamos esa tradición de los viernes en la que las protagonistas sois vosotras y vuestras historias, con una historia de parto que me tocó de cerca y que, de nuevo, tuve la suerte de vivir a pesar de las distancias gracias a las redes sociales, vía twitter.
Con la antena puesta. Así ando yo la mitad del tiempo cuando leo a “mis madres” twitteras, un grupo al que cada vez se une más gente y en el que es imposible no sentirse implicada en cierta (gran) medida cuando ves que algo no va como debiera. Y como cada día somos más, estar al tanto es cada vez más fácil. Así que aquel día en el que aquella chica de twitter, bonicacha, dejó ver que tenía problemas con su ginecólogo a causa de su cesarea anterior, la cosa salió casi en automático. Un poco alejada ya del activismo “activo” – que de vez en cuando hay que recuperar fuerzas – pero con la suerte de tener bien localizado al personal, mi hermana y yo pusimos a bonicacha en contacto con mujeres, madres que habían pasado recientemente por la misma experiencia y que podrían ayudarla de forma mucho más eficaz. Y nosotras mientras a acompañar, aunque fuera de lejos.
Porque es así de sencillo. Y porque merece la pena.
Las redes de madres funcionan y lo hacen porque nosotras, las histéricas, somos empáticas, amables y somos capaces de entristecernos con el sufrimiento ajeno y alegrarnos con los éxitos de otros, aún cuando nosotras mismas no hayamos logrado lo mismo. Es porque tenemos menos miedo. Y eso es lo que estas historias de partos demuestran, que somos valientes, mucho más cuando trabajamos juntas.
Os dejo las dos historias de parto de Chabela, unas historias muy parecidas a las de tantas mujeres luchadoras, que además de haberle plantado cara al sistema en beneficio de sus hijos, son después capaces de compartir sus victorias – porque siempre que plantas cara ya has vencido – con todas las demás.
Muchas gracias, Boni bonita, sin este feedback seguir en la trinchera sería mucho más difícil. Me hiciste llorar.
Y os recuerdo que podéis seguir enviandonos vuestras historias de parto al correo electrónico sermamas@gmail.com. La victoria de Chabela es una victoria de todas. Disfrutadla
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La nueva moda. Carmen Machado – la misma que nos deleitó hace unos meses con aquel famoso Madre o Vaca – se descuelga ahora con otra etiqueta que pretende englobar a un montón de mujeres que cada día trabajan para conseguir que las madres (todas) disfruten de un parto y una crianza en los que se respeten sus necesidades y las de sus hijos.
Mezclando churras con merinas, como casi todo el que pontifica sobre este tema sin haberse informado demasiado, resulta que yo, que soy partidaria de la lactancia materna, del colecho y por supuesto de los partos respetados, además tengo que comer productos ecológicos, usar pañales de tela, ser vegetariana y no sé si practicar la placentofagia, tal vez una vez al mes – no me ha quedado muy claro. Ah y contratar a una “madre de día” que es una cosa muy de ahora, porque nunca, jamás, ha existido la figura de la niñera. O de la abuela.
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Me gusta la Navidad y no sólo por la estética, sino por el significado. Sin ser una persona creyente, ni tan siquiera sé si cristiana, la figura de Cristo sea o no un personaje histórico me parece un mensaje de esperanza para el mundo, un mensaje que llegó cuatro mil años después de que algunos hombres – los más cobardes – inventaran el patriarcado e impusieran sobre la humanidad el Miedo como única forma de vida.
Vivimos con miedo, eso es un hecho innegable. La sociedad actual, la cultura occidental, ha conseguido convertir el instinto de supervivencia – ese instinto que por definición es VIDA, el que te hace buscar el placer, el que te impulsa a relajar el estrés – en todo su contrario. El miedo es muerte. Y es el opuesto del amor. Del pequeñito y sobre todo del grande, del Amor con mayúsculas.
Por eso me gusta la Navidad y no sólo en su versión pagana, la que celebra la Vida durante el invierno, la que recuerda que el fuego da calor mientras el frío se instala fuera, la que sirve para que no olvidemos que a partir de ahora los días son cada vez más largos y que la primavera vuelve. Me gusta la Navidad también en su versión cristiana, porque celebra lo mismo, pero encarnado en un ser humano. Cristo, el símbolo del Amor, nace en Navidad para recordarnos que el Amor es calor, es verano y es Vida. Pero sobre todo para que no olvidemos que superar el invierno, el frío, el miedo y la muerte, está en nuestras manos. Porque Cristo, existiera o no, fuera hijo de Dios o no, es ante todo un hombre.
Me gusta además la visión de Cristo de Michel Odent. Navegando por ahí podéis encontrar un par de textos muy intersantes, en los que se relaciona el nacimiento de Jesús, la oxitocina, con el mensaje total del personaje. Porque nuestra cultura, que se ha ido construyendo a base de mitos o de interpretaciones de la historia, siempre siempre es reinterpretable. Para eso los humanos tenemos el don de pensar e imaginar.
Os dejo el último texto que he encontrado en la red. Un extracto del libro “La cientificación del Amor” de este autor, que está convencido de que para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de nacer y que ve en Jesús de Nazaret la prueba definitiva. Meditadlo, pero sobre todo disfrutadlo.
Y yo, de nuevo, me voy a celebrar la Navidad, que no es más que celebrar la esperanza.
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Durante los casi ocho años que llevo metida en esto de los partos y las lactancias la recomendación que más me han hecho, y también la que más he hecho yo, es que si estás embarazada empieces a pensar en tu plan de parto. Un plan de parto, para la que no lo sepa, es un documento con el valor de un Consentimiento Informado, que especifica cuales son tus preferencias para el momento del nacimiento de tu hijo y los momentos posteriores.
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Ayer fue el Día Internacional del Voluntariado. El voluntariado es esa cosa que nos recuerda que aún es posible creer en el ser humano. El día Internacional del Voluntariado se centra principalmente en recordar el trabajo de Organizaciones No Gubernamentales que ofrecen ayuda sin ánimo de lucro. Oxitocina pura, existe gente que ayuda por el simple placer de ayudar, porque vincularse con otros siempre produce placer.
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