
Por seguir con el chiste huelga decir que yo de los deberes estoy hasta el mismo moño. Desde los cuatro años Ana trae tarea a casa, en la mayor parte de los casos podría hacerla en diez minutos, si se pusiera, el problema es que pasados los primeros días de sentirse mayor por tener deberes, no quiere ponerse. La entiendo. La levanto a las ocho menos cuarto de la mañana y a partir de ahí todo es correr.
Mis hijas limitan su actividad “intelectual” al horario escolar, sin extraescolares, ni música, ni inglés, ni chino mandarín. Y aún así cuando llegan a casa están cansadas y hartas de estar sentadas. Son niñas. Y quieren jugar. Llegar a casa y ponerse a hacer deberes, estudiar para un examen o acabar alguna tarea que no hicieron en clase es demasiado para ellas. Y para mí.
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Hoy os traigo una noticia que me deja espantada y a la vez un poco mosca. Casi el 5 por ciento de los niños españoles está en estado de malnutrición, tal y como se ha afirmado basándose en los datos del estudio ‘Desnutrición Hospitalaria Pediátrica Española’ (DHOSPE) durante las VII Jornadas de Formación de Residentes de Pediatría organizadas por el Instituto de Nutrición Infantil Hero Baby.
Así lo publicaba el día 23 de marzo el Periódico La República, del que, la verdad, no tengo ninguna referencia. El riesgo se eleva hasta el 30% entre los niños ingresados en hospitales españoles y alcanza entre un 10 y un 30% entre aquellos que acuden a consultas de atención primaria. Según el mismo diario el riesgo de malnutrición puede detectarse cuando transcurren cuatro semanas sin que el niño aumente de peso, lo que en principio me parece un poco exagerado, sobre todo a ciertas edades; mis hijas había meses que entre mocos, catarros y gastroenteritis no ponían nada de peso, sobre todo Lara y están delgadas, pero no desnutridas.
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Si alguna habéis leído el libro Mujercitas cuando eráis pequeñas una mención a la escarlatina os pondrá los pelos de punta. Nada más lejos de la realidad.
La escarlatina es una de esas enfermedades que todo el mundo piensa que son gravísimas y están prácticamente erradicadas. Y ninguna de las dos cosas es cierta. La escarlatina se produce cuando un Streptococcus de tipo A coloniza la garganta y provoca una infección de anginas. La toxina que produce el bichejo desencadena ciertas relaciones de tipo alérgico en algunos niños que se manifiestan en forma de “ronchas” rojas que pican. Las ronchas que suelen empezar a aparecer por el cuello y la cara, dejando libre el contorno de los labios, se acaban extendiendo por todo el cuerpo, sobre todo en los pliegues de la piel – codos, axilas,…- primero en forma de puntitos con aspecto de quemadura. A los seis días de la infección la erupción cutánea va involucionando, pero la piel puede llegar a descamarse.
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Tal vez porque hoy es un día raro, que sólo ocurre una vez cada cuatro años, las asociaciones de pacientes con enfermedades raras lo escogieron para recordarnos que ellos también existen.
Las Enfermedades Raras lo son por el simple motivo de que son poco frecuentes y es por este motivo que también se denominan enfermedades huérfanas. Una enfermedad que afecta a muy pocas personas en el mundo no es rentable y son pocos los organismos que se dedican a investigar para encontrar una cura. Una enfermedad rara es aquella que afecta a una persona de cada dos mil, poco lucrativas en cuanto a venta de fármacos, la mayor parte de las veces la investigación está promovida por los propios pacientes o sus familiares, médicos que también podríamos clasificar como raros que obtienen financiación pública o se mantienen gracias a donaciones.
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Los niños son siempre las personas más vulnerables en todos los conflictos, crisis y situaciones de violencia o desastres naturales, por ser los más indefensos, los más dependientes. La Declaración de los Derechos del Niño se queda en nada si contra los abusos no hay ningún organismo competente que pueda actuar para protegerlos. Seres humanos de segunda en cuestión de derechos, puesto que ellos dependen siempre de adultos que los protejan, no existe hasta la fecha ningún organismo internacional que los defienda cuando son los propios Estados los que los agreden, utilizan o maltratan.
Hasta ahora. Save The Children busca tu firma para solicitar al estado español que respalde un nuevo protocolo que permitirá a los niños acudir a Naciones Unidas cuando sus derechos sean vulnerados por parte de los estados. Los derechos del niño se colocan así al mismo nivel que los demás derechos humanos, porque los niños no son minipersonas y no deben tener miniderechos.
El próximo 28 de febrero España debe ratificar este protocolo con su firma en Ginebra, por dos motivos: porque se necesitan diez países miembros de la ONU que lo ratifiquen y porque si no lo hacen los niños españoles no podrán beneficiarse de este mecanismo de protección que coloca a los niños en un plano de igualdad con los adultos, responsables siempre del maltrato hacia los menores. La firma, que después deberá ser ratificada en el Parlamento es una obligación moral de nuestro gobierno.
La Igualdad real empieza por eliminar el adultocentrismo de nuestras sociedades, ése que coloca a los niños en la misma posición en la que hace unos años estábamos las mujeres, ciudadanos de segunda, con menos derechos no sólo en la práctica sino también en las leyes. Una situación intolerable que debe ser modificada ya.
Exígele al gobierno que proteja a nuestros hijos. Exígele que firme. Con tu firma. Aquí.
Firma, súmate y difunde.
Foto | Vale

Castigar a los niños físicamente aumenta su agresividad. Así, contundente y sin posiblidad de discusión.
Ya hace algún tiempo que publicamos aquí en Ser Mamás un post que aludía a un estudio aparecido en la Revista Pediatrics – la revista de Pediatría más prestigiosa del mundo – en el que se afirmaba que el guantazo a tiempo puede aumentar la agresividad en niños pequeños. El estudio, que causó mucha polémica incluso aquí, un país en el que recordemos, castigar a los niños físicamente está prohibido por ley, se centraba en el castigo corporal recibido por prescolares de tres años y de cómo el uso de la violencia física – porque pegar es violento, aunque se pegue flojito – aumentaba la agresividad de estos niños incluso hasta dos años después.
Ahora podemos ser más rotundos. La revista de la Asociación Canadiense de Medicina (CMAJ) publica recientemente un metaanálisis en el que se analizan todos los estudios realizados durante los últimos 20 años sobre castigos corporales. Y la conclusión es clara: pegar a los hijos aumenta su agresividad. Siempre y sin discusión.
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