Ansiedad, estrés (y II)

Escrito por Irene Garcia el 22/12/2009

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dormitorio_07El estrés es capaz de hacer que un parto no progrese y acabe en cesárea. Estrés y lactancia materna no son buenos amigos. El estrés en niños está relacionado con terrores nocturnos y otros trastornos del sueño, incrementa el riesgo de padecer infecciones, empeora las reacciones alérgicas.

Si estás embarazada entonces tal vez es el momento de empezar a tomarte las cosas con más calma. Escucha a tu cuerpo. Durante el primer trimestre, es posible que te den verdaderos ataques de sueño: la progesterona te va preparando el terreno, si puedes dormir, duerme. Después la misma progesterona puede hacer que te vuelvas más introspectiva, incluso más “pasota”. Hazla caso. Es el momento de frenar.

Quizás sea buena idea que busques momentos sólo para tí, dedícate a aprender técnicas de relajación, a escoger música para el parto, a hacer cosas que te gusten. Tal vez no quieras pasar por el trago de la amniocentesis, a lo mejor ni siquiera te apetece hacerte el triple screening, seguro que no te interesa para nada saber que en la semana 36 “estás muy verde”.

Infórmate sobre qué cuidados médicos son imprescindibles y cuáles no, y decide según tus gustos y tus convicciones, nada hay obligatorio. Trata de controlar la ansiedad. Si aún así, tu trabajo peligra, tu marido ha sufrido una repentina regresión a la adolescencia y quiere decorar el cuarto con pósters de AC/DC, y tu suegra no para de preguntarte de qué color hace los patucos…, sí estás de los nervios.

Tranquilízate y ve al médico. Existen medicamentos o terapias para la ansiedad seguros durante el embarazo. Un buen profesional puede informarte y ayudarte. Consúltale. Tu bebé y tú lo agradecereis. Y de paso, le dices a tu suegra que haga los patucos blancos.

Plan Plenufar

Escrito por Irene Garcia el 17/12/2009

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piramide_alimentaria

Se acabó el mito del “comer por dos”.

En líneas generales una mujer gestante o lactante no ha de llevar ninguna dieta especial distinta a lo considerado como saludable: pobre en azúcares refinados y grasas, principalmente de origen animal, y rica en fibra, hidratos de carbono de absorción lenta, frutas y verduras. La pirámide alimentaria de toda la vida, vaya. Pero lamentablemente parece que la dieta mediterránea va a pasar a la historia. Cada vez comemos peor.

Las consecuencias de la malnutrición de la madre en el niño son importantes: bajo peso del niño al nacer, baja densidad ósea por baja ingesta de calcio, anemia por falta de hierro o ácido fólico, cretinismo por carencia de yodo, etc. Igualmente esta malnutrición puede tener importantes consecuencias para la madre, ya que el desgaste nutricional puede tener entre otras consecuencias anemia y descalcificación ósea, lo que puede redundar en un deterioro de su calidad de vida a largo plazo.

A esto se une que en muchos casos las embarazadas recibimos cantidades ingentes de información contradictoria. Valga un ejemplo:
- el pescado azul es bueno, porque contiene ácidos grasos tipo omega,
- el pescado azul es malo, porque contiene concentraciones de mercurio no despreciables.

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Ansiedad y estrés (I)

Escrito por Irene Garcia el 15/12/2009

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De tenerte en mis brazos, que decía la canción. Cuando una se queda embarazada no ve el momento de poder abrazar a su bebé. El tiempo se alarga y parece que nunca llega… Desgraciadamente creo que la maternidad y la vida moderna andan un poco reñidas en muchos aspectos. El embarazo, que deber ser un periodo de introspección y de calma, en el que la mujer pudiera centrarse en ella misma y en su bebé, frecuentemente se convierte en una carrera de obstáculos, contra el reloj biológico, contra tu jefe, a la búsqueda del último grito en gadgets para bebés…

Lo que curiosamente se denomina “la dulce espera” se ha transformado más bien en un “de susto en susto y tiro porque me toca“. Análisis, cribados neonatales, amniocentesis, el bebé es muy grande, el bebé es muy pequeño, hay mucho líquido, poco líquido, está de nalgas…

El sexo del bebé se puede llegar a convertir en una serie de sobresaltos, ahora es niño, ahora ya no. Las parejas se angustian incluso antes de embarazarse. Los test de embarazo compiten por ver quién es capaz de detectarlo antes, sin haber tenido siquiera una falta. Del parto mejor no hablar. Lo más habitual es que cuanto más cerca esté el momento más terror produzca. Las mujeres corren de acá para allá, al trabajo, al médico, al pediatra con el mayor, a matronatación,  con sus tripas enormes, y nadie es capaz de dejarlas sentarse en el autobús. Y encima hay que estarse preocupando por las estrías.

Aunque de siempre se ha dicho que el estado emocional de la madre influye directamente en la salud del bebé, los últimos estudios demuestran lo importante que es cuidar del aspecto psicoafectivo del proceso. El estrés durante el embarazo dispara el índice de partos prematuros y niños de bajo peso al nacer. Los bebés nacidos de madres estresadas tienen más posibilidades de sufrir enfermedades como la depresión o dificultades en la adaptación a su propio estrés, hiperactividad, etc…, en su infancia e incluso en su vida adulta. Vayamos teniendo estas cosas en cuenta.