
La Organización Mundial de la Salud no deja de recordarnos que, en cuestión de partos, la consigna es intervenir lo menos posible. Las intervenciones rutinarias producen un efecto cascada que termina, en muchísimos países occidentales, con una tasa de cesáreas desorbitada, que incrementa el riesgo de muerte materno-fetal. Ya vimos el otro día cómo se programan los partos y las cesáreas en la Comunidad Autónoma Andaluza, atendiendo no a motivos médicos, sino a motivos de organización o comodidad de los profesionales.
Entre las prácticas que desaconseja la OMS está la de monitorizar contínuamente el ritmo cardíaco fetal, las correas, o como decían en el Sentido de la Vida de los Monty Phyton, la máquina que hace ping. Esta monitorización contínua incrementa el número de cesáreas que se hacen por miedo y no salva vidas. La atención al parto en muchos países occidentales se basa en una medicina defensiva, en la que el médico interviene antes de que sea necesario por desconfianza con el proceso de parto y miedo a las demandas.
Ahora nos llega un nuevo adelanto que permite a los médicos “predecir” antes de que suceda nada que el parto acabará en cesárea, con lo que se “ahorrará” a la mujer estar muchas horas de trabajo de parto “inncesariamente”. La prueba consiste en un test que detecta ácido láctico en el líduido amniótico.
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Una se pasa años diciendo cosas y con mucha probabilidad llega un día en que alguien la llama loca y le dice que no diga más tonterías. Hasta que llega el Instituto de Estadística Andaluz y te proporciona una bonita gráfica para que les pases por las narices la próxima vez que vayan a abrir la boca. Así, sin anestesia ni nada, que es mejor.
Y es que es lo que tiene la transparencia en algunas cosas, que no se dicen porque si se dicen quedan fatal.
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Soy adicta a las nuevas tecnologías. Lo reconozco. Me enganché a internet cuando aparecían las primeras tarifas planas, hace exactamente 10 veranos. Durante la primera edición del Gran Hermano entré en un chat de tele5 y aquí me quedé.
Gracias a internet organicé mi boda en menos de tres meses, mes de agosto de vacaciones incluído – todas las tías de mi madre se creyeron que me casaba de penalty – y me casé dos días después de leer la tesina. En Internet he conocido a mucha gente, casi toda buena. Fue en Internet dónde descubrí las causas de mi cesárea y también en Internet aprendí todo lo que sé sobre lactancia. El apoyo desinteresado de tantas y tantas mujeres probablemente me ahorró muchísimo dinero y tiempo invertido en psicólogos. Pero lo de este verano está siendo especial.
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Igual las feministas me comen, pero no tengo miedo. Defiendo con uñas y dientes el famoso instinto maternal, no esa cosa de que las mujeres nos morimos por tener hijos desde que nos salen los dientes de leche, no, sino el cambio que se produce en nosotras tras la llegada del bebé. ¿Os pasó a vosotras? Ese darse la vuelta como un calcetín que la oxitocina del parto y la prolactina de la lactancia generan en tu forma de mirar el mundo.
Ahora las feministas ya pueden estar tranquilas. Porque resulta que el mismo efecto, aunque de forma no tan drástica (*) se produce en los hombres.
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Leo en Bebés y más que la Comunidad Valenciana ha realizado una especie de estadística en la que concluye que del 70% de las mujeres que optan por el parto natural sólo un 20% de ellas consigue un parto no medicalizado, la mayor parte de las veces porque se acaba solicitando la epidural.
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¿Buscais actividades lúdicas para vuestros hijos que a la vez de servir de entretenimiento les ayuden a entender el mundo? ¿Y si además son gratis?
Estos días estamos de suerte. Sobre todo hoy.
Todos los años en agosto las Perseidas nos visitan. Lo que se conoce como Las lágrimas de San Lorenzo es la lluvia de meteoros más famosa del Hemisferio Norte, seguramente porque se produce en agosto, cuando mucha gente está de vacaciones y trasnochar no es tan problemático.
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