Víctimas triples

violencia de género

Hoy te lo pongo así para que lo entiendas. Eres pobre, inmigrante, musulmana, joven, madre y víctima de violencia de género. Tu familia no puede ayudarte y probablemente tu marido te ha echado de casa – o has tenido que huir, por motivos obvios. Algún amigo que no puede más que aconsejarte te dice que acudas a los servicios sociales y tú, que no tienes dónde caerte muerta, acudes a ellos con tu hija. Un poco tiempo después, esos mismos servicios sociales te quitan a la niña y para ellos aluden a motivos como que eres conflictiva, que no te adaptas al centro y que no te llevas bien con las otras familias. Del vínculo con tu hija ni palabra, vaya que más bien te impiden amamantarla para que os desvinculéis – los niños tutelados por el IMMF no pueden ser amamantados porque el objetivo es desvincularlos de las madres, como bien ha publicado este organismo en sus notas de prensa.

El caso de Habiba cada vez da más miedo. Sorprender no sorprende, porque en esta sociedad, que sigue siendo muy machista aunque no lo queramos ver, estas cosas pasan.

Según el Defensor del Pueblo, el delito de Habiba ha sido ser víctima de la violencia sexista y no reconocerlo. De haberlo hecho así probablemente hubiera ido a dar con sus huesos a otro centro, donde, por su bien y el de la menor, se hubiera puesto más interés en su “conflictividad” y cierta “inestabilidad mental”. Te vuelvo a recordar, eres joven, musulmana, inmigrante, madre, pobre y víctima de violencia de género. Y el único vínculo sólido que tienes es con tu hija.

La primera reacción ante todo trauma es la negación. No sólo entre las mujeres pobres y musulmanas, negar que has sido víctima de violencia por parte de tu pareja es un mecanismo de defensa innato. No debe ser fácil asumir que la persona que tenía que cuidarte y compartir la vida contigo en un proyecto común te agrede por el simple hecho de que eres mujer. No debe serlo. “Mi Pepe me pega, pero es porque bebe, porque él en el fondo es muy bueno”. No es una cuestión de raza, de edad, de posición social. Es. Las mujeres mayores, católicas, ricas y que no son madres niegan de plano haber sido víctimas de violencia de género, a pesar de los golpes, de los cardenales y de los huesos rotos. “Me he caído”. Imagina ahora una mujer musulmana.

Las víctimas de violencia de género tienen también la horrible manía de culpabilizarse. De ese modo y si no cuentan con ayuda se convierten en víctimas dobles de su desdicha.

Y ahora tú, que eres joven, musulmana, inmigrante, pobre, madre y vícitima de violencia de género acudes a los servicios sociales en busca de ayuda y los servicios sociales vuelven a culpabilizarte por tu comportamiento. “No se adapta”, “es conflictiva”, “es agresiva”. Y en lugar de ayudarte a superar tu situación de joven, musulmana, inmigrante, pobre y víctima de violencia de género te quitan a tu hija “por el bien del menor”, porque tú eres responsable de que tu hija vaya a sufrir. Víctimas triples, Habiba y su niña.

Lo mejor para todos los menores es tener una madre joven, fuerte y sana que quiera y pueda ocuparse de ellos. Habiba quiere ocuparse de su hija, como demuestra la reacción de la niña al volver a verla. Su vínculo era fuerte, porque Habiba se había ocupado de construirlo así, a pesar de todas sus desventajas. Y los servicios sociales y el defensor del pueblo deberían ocuparse de facilitarle la tarea y no volver a victimizarla una vez más.

Señoras y señores que andan por ahí soltando sapos y culebras, sé que es difícil ponerse en el lugar de una joven madre, inmigrante, musulmana y pobre que siendo víctima de violencia machista ha acudido a las instituciones para solicitar ayuda para ella y su hija, pero tengan en cuenta que mañana nos puede pasar a nosotros o a nuestras hijas. Sí, la vida da muchas vueltas y la educación recibida en casa, pesa. Y ustedes, con su actitud, se convierten así en victimarios de Habiba y de su hija.

Afortunadamente la Fiscalía de Madrid impugnará la retirada de la tutela, por considerar que los datos que aporta el IMMF no son suficientes para separar a una madre, joven, pobre, musulmana, inmigrante y víctima de violencia machista de su hija, a la que quiere y que la quiere y con la que tenía un buen vínculo favorecido por la lactancia y el colecho.

Señor Defensor del Pueblo, las mujeres también somos El Pueblo.

Foto | Lizinha

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2 Comentarios

  1. maría berrozpe 11 Junio 2011

    Genial Irene!

  2. MERCEDES 16 Junio 2011

    Me ha encantado.
    MAÑANA EN LA TUTORÍA CON MIS ALUMNOS TRATAREMOS ESTE TEXTO.
    MERCEDES

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