Qué cruz

miedo

Y si ayer hablábamos de la cara, hoy nos toca hablar de la cruz. Y nunca mejor dicho ¡qué cruz!

Que te diagnostiquen una enfermedad mental sin si quiera saber de tu existencia es un milagro. Que además lo hagan a través de una revista y que el síntoma principal sea que no has comprado un libro no tiene calificación posible.

Que dice el Doctor, que yo ni le nombro, que “existen investigaciones muy serias sobre las mamás que están en contra de estas ideas y la mayoría presentan una psicopatología en su forma de ser.” La cita, literal, que las referencias son importantes. Sobre todo porque ni el estudio científico, ni la psicopatología en concreto aparecen por ninguna parte. Oiga usted, que no es lo mismo ser un paranoico que tener depresión. Ahora quiero saber cual es mi enfermedad, que me angustio y después no me puedo dormir, o me da por comer helados compulsivamente, directo del bote de litro y con cuchara sopera.

Y que después me da por reírme, debe ser verdad que estoy loca. Un experto en sueño que confiesa que necesita medicarse para conciliarlo, un experto en alimentación que confiesa que tuvo que operarse para superar su obesidad mórbida, alguien que aboga por no ofrecer consuelo, por abandonar llorando, por negar el cuerpo, el contacto, la mirada e incluso la palabra, alguien que además pretende que yo haga esto con mis propios hijos…me pone muy triste.

Mira que yo intento ser prudente con este señor, pero es que hoy no puedo. Estoy cabreada. Querido doctor, tiene usted razón, tengo un problema psicológico o no con mi forma de ser. Me gusto. Y por eso no necesito sus libros. Un dramón. Para el que los vende.

Y es que yo a mis hijas las quiero. Debe ser muy mala esa enfermedad. Consiste en estar.

Existen investigaciones muy serias que dicen que el amor no lo cura todo, pero puede ayudar, que es consustacial al ser humano, que la soledad se vive como dolor y que el miedo enferma. Aunque da lo mismo, a falta de estudios tendríamos poesía.

Si alguna se enfada y quiere hacer algo, hay un grupo en FaceBook.

Y que cada palo se aguante su miedo.

¿Ve? Ya estoy mejor. Será ciclotimia. O aburrimiento.

Foto | OakleyOriginals

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5 Comentarios

  1. Susana 31 mayo 2012

    yo tampoco puedo con él. Una amiga mia está encantada con ese … pero yo no puedo, se supone que hay que educar con amor, enseñando que siempre estaremos ahí con nuestros hijos, yo soy incapaz de dejarle llorar, sólo por enseñarle ¿a qué? ¿a dormir? menudo anormal, yo también estoy enferma, pero de amor y no de crueldad que es lo que predica él y encima no acepta que hay gente que no compre sus libros.

  2. Lady Vaga 31 mayo 2012

    Querida, bien dicho. A mí este señor es que me induce a la bulimia, porque es verle y entrarme unas ganas de vomitar que no son ni medio normales.

    Espero que algún día se pierda en algún paraje desierto por los siglos de los siglos. Amén.

    Besos esperanzados,
    Lady Vaga.

  3. Háblame Bajito 31 mayo 2012

    Me encanta cuando se dice tanto con tan poquito. Bravo!

  4. Branca 1 junio 2012

    La psicopatía es, literalmente y en esencia, falta de empatía.
    Está claro que quien tiene tal carencia es el Sr. Estivill.

  5. Author
    Irene Garcia 1 junio 2012

    Seh 🙂

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