Para papá

paternidad

Unos científicos japoneses han creado un invento que, según ellos, permite simular un embarazo, obviamente destinado principalmente a los papis, aunque también podría ser útil para todas aquellas personas que no ceden el asiento en el autobús a las embarazadas, por ejemplo.

El cacharro, que consiste en una bolsa de agua (unos cuatro kilos) rellena de globos que se hinchan y se deshinchan en respuesta a las órdenes que genera un ordenador con un software de simulación, permite recrear los movimientos fetales, los latidos del corazón del bebé, las pataditas y dicen estos científicos que también el peso – aunque cuatro kilos es una nimiedad, todo hay que decirlo – y se puede llevar un ratito o todo el día – desde aquí voto desde ya por esta opción y a ver si inventan algo que además vaya engordando.

Un bonito invento que se presentará en el Siggraph 2011, que se celebra en Canadá.

El embarazo puede ser cosa de tres y creo que no hay ni que decirlo, ningún software por muy japonés que sea podrá nunca emular el maravilloso invento que es el cerebro. Colgarse una bolsa móvil puede servir para que te hagas una idea, pero está claro que el artefacto tiene muchas limitaciones. La primera es que para una madre no existe discontinuidad entre su cupero y el del bebé. Y cuando el bebé desarrolla el sistema nervioso la continuidad se extiende directamente a dos mentes. Dos mentes que, gracias a la placenta, un órgano simbionte que está constituido por tejido materno y tejido del bebé, pasan nueves meses comunicándose entre sí como si fueran una sola persona. Porque eso es lo que ambos cerebros registran, que son una sola persona. Así el cerebro materno entiende que las necesidades de su hijo son las suyas propias. La maternidad, desde el mismo principio no es más que un proceso de comunicación.

Puedes colgarte todas las bolsas que quieras, papá, pero si de verdad quieres sentir lo que siente mamá el mejor invento está en tu cabeza. Imaginación, empatía y sobre todo comunicación, verbal y afectiva. Abrazar, tocar, observar, escuchar sin juzgar, simplemente estar, todo lo que puedas hacer que demuestre cariño tendrá el increíble poder de modificar también tus respuestas cerebrales, incrementando hormonas como la oxitocina, y así, las tres mentes estarán sincronizadas. Porque las necesidades de tu hijo son las mismas que las tuyas, desde incluso antes de nacer. El quiere vivir y tú necesitas que viva. Es instinto, es la supervivencia de la especie.

Convierte a la madre de tu hijo en la placenta que te une con el bebé. Y no gastes mucho en cacharros. Es prácticamente igual colgarse una bolsa de patatas – y las hay de cinco kilos, e incluso puede que de más.

Y es que si la maternidad es un proceso de comunicación la paternidad también puede serlo, sólo hace falta voluntad.

Foto | Vivian Chen

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