Padres-gatito

gatito

Por seguir un poco con el chiste de ayer, que recuerdo no inicié yo, sino el entrañable Pedro Jota con aquel Madre o Vaca, hoy traemos un estudio sobre ellos, los papis, para completar ese Madre y Tigresa que me ha gustado tanto.

Aunque muchos hombres se vuelven especialistas en el escapismo cuando se convierten en padres y aunque la sociedad en la que vivimos promueve (afortunadamente cada vez menos) modelos de familia en el que el padre no se encarga de la crianza de los hijos – a pesar de que la madre en la actualidad también tenga la responsabilidad de proveer a la familia – la biología es la biología. Y aunque durante siglos los hombres se han autoerigido en portadores de la racionalidad, y la linealidad, dejando lo corporal y “>lo cíclico para las mujeres, resulta que tener hijos también los cambia a ellos.

Ya hemos hablado otras veces de que la paternidad, sobre todo para los padres implicados, produce cambios en las concentraciones de neurotransmisores y hormonas como la prolactina y la oxitocina, que fomentan la implicación del hombre con sus cachorros y también ayudan a equilibrar los distintos impulsos sexuales que se producen en una pareja de padres recientes. Prolactina y oxitocina son hormonas que habitualmente se asocian a lo femenino, porque son las responsables del parto y de la lactancia. Así que los hombres se “maternizan” cuando son padres gracias a la acción de compuestos típicos de las madres. Todo un shock para algunos.

Y para rematar la fiesta, un estudio reciente, realizado en la Universidad de Evanston, en EEUU, concluye que tener hijos además reduce los niveles de testosterona en hombres, la hormona típica de los machos, la responsable de la libido (también en mujeres, ojo) y de la agresividad. Los niveles bajos de testosterona se habían observado en padres hace tiempo, pero los estudios realizados hasta la fecha no eran capaces de determinar si la relación era causal o casual. Este nuevo estudio asegura que la relación causa-efecto es clara, es decir, es el hecho de tener hijos lo que reduce los niveles de testosterona masculinos. Estos niveles son más reducidos si el hijo es muy pequeño y además se reducen más cuanto más tiempo pasa el hombre con la criatura. Y no me queda más remedio que hacer una puntualización de arpía malintencionada, porque en el estudio la paternidad biológica se presupone (como el valor en la mili).

Reducir los niveles de testosterona, aumentar los niveles de prolactina e incrementar los niveles de oxitocina tiene en conjunto un resultado muy interesante, que es ni más ni menos el de fortalecer los vínculos del hombre con el grupo (familia). Un estudio que, junto con todos los que últimamente van saliendo, puede echar por tierra un montón de mitos acerca de la masculinidad y la forma de vivirla, incluyendo aspectos tan tan asumidos como la promiscuidad lineal y absoluta que algunos defienden como fisiológica.

Habrá, seguro, quién se horrorice de que la naturaleza haya hecho algo así. Los hombres, entrenados socialmente para la individualidad y la competencia, asumen muy mal que se cuestione su “virilidad”. Pensarán algunos que reducir los niveles de testosterona los feminiza y estudios como éste serán sapos duros de tragar. Yo prefiero pensar lo contrario. El ser humano es gregario y tener hijos devuelve a los padres la capacidad de cooperar, trabajar por el bien común y convivir, que una sociedad agresiva ha provocado que pierdan. Es posible que el efecto real sea una “infantilización”, devolver al padre a un estado vital en el que la supervivencia depende del grupo. Un estado de interdependencia.

Decimos adios al hombre-lobo solitario y le damos la bienvenida al padre-gatito. Mucho más amable. Más natural. Más valioso.

Y por tanto, más hombre.

Obviamente ahora ya es cuestión de ellos. Precisamente porque la paternidad se presupone como el valor en la mili, ahora es cosa de elegir.

Ahí os lo dejo. Papás, es vuestro turno.

Foto | plizzba

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