Maternidad, paternidad y política

Licia Ronzulli

El feminismo actual ha llegado a un punto de no retorno en el que si sales de casa a cuidar a los hijos de otra por una miseria te estás realizando pero si te quedas en la tuya cuidando de los tuyos propios estás alienada, eres una neomachista y por tu culpa las mujeres jamás llegaremos a ocupar los puestos de poder planetario interestelar. Y digo que es un punto de no retorno porque, efectivamente, a los hijos cuando son muy pequeños y a veces hasta incluso pasados los cuarenta, hay que cuidarlos. Igual que hay que cuidar a los ancianos y limpiar retretes, la sociedad se mantiene porque hay alguien que hace todos estos trabajos, la mayor parte de las veces sin cobrar.

Dicen feministas que no quiero mi mencionar que nos tienen cogidas por lo sentimental en este peliagudo asunto de cuidar de los otros. Y es que, ¡oh horror!, las mujeres nos encariñamos de los nuestros – es de suponer que los hombres no quieren a nadie para mantener la hipótesis, lo que no parece a primera vista muy “igualitario”, pero eso de momento nos da lo mismo, que nosotras lo que queremos es ser ministras. Todas. Y que limpie la cocina ¿quién? Porque alguien tiene que hacerlo.

El feminismo oficial le hace el caldo gordo al sistema, un sistema basado en la desigualdad y la jerarquía y por eso y no por otra cosa lo dejan ser, que se nos quite ya la tontería de la cabeza. Funcional al patriarcado, porque padre y propiedad vienen en el mismo lote, allá por el neolítico. Y porque las estrategias de manipulación son las mismas.

Con el feminismo actual no se pretende la igualdad de todas, sino sólo la de unas pocas. Porque mientras criar, educar y limpiar siga siendo considerado un trabajo que no merece ni dos duros – y con perdón, ése es el discurso que nos están vendiendo, que cualquiera puede cuidar a tu hijo incluso mejor que tú – quedará para aquellos que no tengan otra opción. Y habrá muchos. Del sexo que sean.

Si nos olvidamos de la bonita falacia del falso dilema que te dice que o te buscas una guardería o te quedas en casa de maruja, existen otras opciones. Sacar la maternidad a la calle es una de ellas. Y además sacar la maternidad de la esfera privada es la única opción feminista posible. Lo he dicho yo, unas cuantas veces. Y lo ha dicho muy bien Ibone Olza, en un estupendo post que podéis leer aquí, a cuento del cuento de que las ministras cuidan de sus hijos gracias a una estupenda organización – que acaba sin darles tiempo ni para bañarlos. Porque hubo un tiempo en el que las madres criaban en tribu, la maternidad era el centro de la sociedad. Y la cocina la limpiaban entre todos.

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2 Comentarios

  1. Pues no puedo estar más de acuerdo con tu postura y análisis; de hecho la tengo en borrador, y coincido contigo en mucho… sobre todo en que nos venden la idea de que nuestro trabajo criando y cuidando de los nuestros no tiene ningún valor: cualquiera extraño, puede hacerlo por nosotros!.

  2. MERCEDES 4 Abril 2012

    Hoy más que nunca considero que el feminismo es una de esas ideas que abandono.

    Supongo que no creo en eso que nos vendieron hace años, y que está más que demostrado que llevarlo a cabo ha emborronado en mucho lo que hoy considero importante, la maternidad entre otros.

    La igualdad que han perseguido las feministas ha significado seguir siendo exclavas, antes del patriarcado, y ahora del trabajo…

    No podemos obviar que con esa lucha se han conseguido muchas cosas que eran impensables.

    Pero es que esa idea de la “igualdad” está arrastrando en una huida a muchas mujeres, en particular a las madres recientes.

    Es el caso de la vicepresidenta, es un claro caso de huida hacia adelante, como si no pudiera haber elegido otra cosa… ella debe haberse sentido igual que los hombres de “antaño” que podían marcharse sin problemas emocionales.

    Bueno, encantada de haber leído este y el otro post…

    En mi blog escribí algo sobre conciliación la semana pasada tras leer el dichos artículo del país, donde creo entender que “defienden” esa forma de ver la conciliación.

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