Censura a las madres

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Las madres hablan y cuando se ponen lo hacen alto y claro. Y molestan.

Como madre parlante que llevo muchos años siendo, lo sé. Ir contracorriente es difícil. A veces feminazi, a veces neomachista, a mí, menos bonita me han llamado de todo. Por eso no me sorprende que el mismo Ministerio de Sanidad nos censure.

Que la atención al parto en España deja mucho que desear no es ninguna novedad, que sean las propias madres las que lo dicen ya es otra cosa ¡¿Cómo osamos, nosotras, que no tenemos estudios, a opinar sobre lo que los ginecólogos hacen con nuestros cuerpos y con los de nuestros hijos?! Tamaña desvergüenza sólo podría encontrarse en una feminazi, una de esas que luego encima quieren dar teta y quedarse en casa, las muy neomachistas.

Según comentaba ayer Ibone Olza en su blog, (os recomiendo mucho que leáis su reflexión) la obra colectiva Maternidad y Salud: Ciencia, Conciencia y Experiencia, escrita a medias entre profesionales de la maternidad, madres y padres y que iba a presentarse en la Jornada de Buenas Prácticas del 20 de febrero pasado fue de repente suprimida e incluso se eliminó de la web del Ministerio. Le aseguran hoy a Ibone que la obra puede volver a descargarse en la página y que perdón, perdón, no queríamos hacerlo, no volverá a suceder. Pero sí, volverá a suceder.

Cada vez que una madre reclama una baja maternal más larga para poder darle el pecho a su hijo, cada vez que alguien asegura que es mejor parir sin epidural y que el respeto – uno de los pocos ingredientes necesarios para que un parto progrese bien – es gratis, cada vez que quién sea asegura que lo que los niños necesitan es estar con sus padres, los gestores, esos mismos que después se llevan los sobres de las grandes empresas (aquí y en todo el mundo, que esto no es exclusivo de España), se ponen a temblar.

Y es que después de toda una vida de rebeldía yo ya sé que la maternidad, una maternidad consciente, conectada con las necesidades de los hijos y por tanto de toda la humanidad, te convierte rápidamente en un antisistema.

Las madres molestamos, nuestro papel en la historia moderna de las redes sociales debía haberse reducido a decidir que detergente comprar on-line, pero ha resultado que hablamos, no paramos, y lo hacemos entre nosotras. Un peligro. Hay que censurar a las madres, porque puede que estén cambiando el mundo.

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